Padres perfeccionistas ¿Cómo son?

Son los progenitores que buscan la perfección en sus hijos en determinados campos de la vida, como el académico, deportivo, social, etc. La perfección es un ideal que nunca se concreta, por lo tanto, produce insatisfacción pues no se alcanza. Ser perfecto es una exigencia inalcanzable que lleva a la frustración. Los padres perfeccionistas influyen negativamente en la personalidad del niño que se está formando, en su autoestima que se va moldeando en el vínculo padre-hijo.

En el campo académico siempre están desconformes con los logros alcanzados por sus hijos pues quieren el máximo puntaje. El niño siente la insatisfacción de los padres y cree no ser capaz, lo vive como si fuera mal alumno, desarrolla miedo al fracaso o a cometer errores, se estresa y todo esto lo lleva a desarrollar baja autoestima por las reacciones, conductas, palabras y gestos de sus progenitores en la vida diaria. En el ámbito deportivo quiere que su hijo sea el primero, el “mejor”, y si esto no se logra el niño puede sentirse torpe, mal deportista y desarrollar una imagen distorsionada de sí mismo, no percatándose de sus logros y puede incluso sentir que no sirve para realizar determinados deportes donde realmente es muy bueno pero no excelente.

CÓMO AYUDAR A PADRES PERFECCIONISTAS

Primero, aceptándose como tales y haciéndose cargo de su búsqueda de la perfección en sus hijos, ver sus propias exigencias para no proyectarlas en ellos. Esta búsqueda produce insatisfacción y frustración, tanto en padres como hijos. En los primeros pues no se alcanza a cumplir su anhelo de excelencia y en los últimos se crean pensamientos negativos hacia ellos que pueden producir sentimientos displacenteros como tristeza y rabia.

Premiar y alentar la perseverancia, el esfuerzo, el camino que el niño o joven recorre y no obsesionarse por el alcance de los objetivos.

Los padres tienen que motivar a su hijo alentando el esfuerzo, la perseverancia y no focalizar solo en los resultados finales. Para eso tiene que dejar de lado sus exigencias que lo llevaran siempre a la insatisfacción.

Poder ver al hijo real, con sus luces y sombras, y no al deseado o fantaseado. Desde esta posición podrán motivar los recursos personales y ayudar a mejorar las áreas en que el niño presenta determinadas dificultades. Así podrán motivar a su descendencia y no exigir o demandar que siempre crean tensión a ambas partes.

Por último, transmitir confianza en y a sus hijos, ayudarlos a desarrollar sus talentos y mejorar sus dificultades. Como la perfección es inalcanzable nos conduce siempre a la frustración.

Fanny Berger