Cuando la obsesión se confunde con amor

El amor es una energía positiva que une a los seres humanos y brinda fuerza. Cuando causa dolor, separa, enferma o trae disgustos, se transformó en obsesión.

El amor es un sentimiento de afecto e inclinación hacia otro ser al que se le desea todo lo bueno. En cambio, la obsesión, se da cuando una persona tiene en mente una idea o imagen en forma permanente que se le impone en forma repetitiva y con independencia de su voluntad.

Obsesión con los hijos
Una madre puede obsesionarse sobre determinado aspecto de su hijo. Por ejemplo: su físico, su rendimiento académico, vida social, etc. La obsesión siempre encubre miedos no conscientes. Es así que el amor desvanece su fuerza porque está mezclado por intensos miedos, que lo obnubilan.

Si te obsesionás por un rasgo de tu hijo, no solo no enfrentás tus propios temores sino que los proyectás en él y se sentirá controlado, estresado y no contenido porque siente la fuerza de tu miedo, una emoción negativa.

Cuando una madre ama a su hijo en forma obsesiva es porque éste le despierta sus propios miedos, esos que no pudo enfrentar hasta el momento y arrastra desde su niñez y/o adolescencia. Su maternidad es como un gatillo que dispara temores que estaban ocultos y ahora se reactivan e intensifican. Al no ser consciente de los mismos los proyecta sobre lo que más quiere en su vida: su hijo.

¿Qué miedo encubre tu obsesión? Muchas madres sostienen que tienen miedo a que sufra lo que ella sufrió, ya sea por su cuerpo, timidez, bajo rendimiento, torpeza, etc. Los hijos captan esos miedos y reaccionen con agresividad, negativismo, aislamiento, falta de concentración o incluso enfermándose.

En la primera entrevista con padres, suelo notar que las madres se obsesionaban y los padres se ocupan porque pueden soltar su preocupación hacia el hijo; la madre se pega al hijo que considera tiene un problema y su mente es invadida por pensamientos negativos y reiterativos que aumentan sus preocupaciones.

Obsesión en la pareja
Existen madres que se obsesionan por sus parejas y tienen poca energía para sus hijos. Ellas viven todo el tiempo pensando en sus compañeros e invirtiendo fuerza para ayudarlos o que las quieran, de ese modo descuidan emocionalmente a sus hijos.

Herramientas para que la obsesión disminuya
En primer lugar tenés que desarrollar la capacidad de sentir y expresar amor con confianza hacia tu hijo y a tí misma.

En segundo lugar, debés hacerte cargo de los temores que tenés en tu mundo interno desde antes de ser madre. La obsesión aumenta el sufrimiento y consume la energía que necesitás para educar. Cuando tu mente se ve invadida por ideas reiterativas y negativas, intentás controlar a tu hijo para calmarte.

Si tenés un fuerte deseo de controlarlo quiere decir que estás temerosa, no es una prueba de amor, es un signo de malestar interior.

Fanny

“Reconocer y aceptar para poder cambiar”